(dir. Robert Eggers, 2025)
La trama principal
Una pareja de recién casados se ve obligada a separase porque el se ausenta para ocuparse de unos negocios, cerrar un trato inmobiliario con el Conde Orlok en los Carpatos; ella vive atormentada por las pesadillas y malos augurios que su entorno califica de fantasías infantiles en las que le acecha la oscuridad .
En el viaje , el joven Thomas Hutter sufre la maldición del Conde Orlok (Bill Skarsgad).

El tándem Deep – Hoult
Lily- Rose Deep entra fuerte en la pantalla grande pero su presencia va aflojando en pro de su compañero Nicholas Hoult y de sus compañeros de reparto Aaron Taylor Johnson , que va ganando en escena progresivamente sosteniendo el peso interpretativo de la película , dejando en un segundo plano al propio Hoult.
El trance perpetuo de Lily
Sin embargo , a pesar de la promesa inicial de ver a la pequeña Deep en un rol oscuro que tantas veces interpretó su padre , la ambigüedad de su personaje , su melancolía y su falta de conexión con la cámara hacen que pierda fuerza . Se pasa la mayor parte de la película en trance sobre la cama con espasmos o ante la ventana esperando al amante perdido …
También me falta solidez y oscuridad en la trama en su conjunto .

Potente a nivel técnico pero no en cuanto a guion
Tenemos una presencia técnica innegable , producción artística , dirección , fotografía, sonido , montaje . El miedo de ver algo que vamos a ver , la tensión palpable de una presencia oscura , un castillo embrujado , las calles apestadas por la peste , garras y sombras de un vampiro ancestral que aterroriza a la joven Ellen, lumbres y lámparas , cuervos y cementerios que aumentan la atmósfera gótica de la historia y el tono narrativo , las referencias al maestro del suspense , Poe.

Un personaje , una voz
la figura fantasmagórica del Conde Orlok y esa voz reconstruida del dacio que a su vez es rota y áspera enfatiza que Orlok no es un ser humano, sino una criatura antigua, corrompida y más cercana a la muerte que a la vida. Eggers y Skarsgård querían que cada aspecto —movimiento, presencia, voz— reflejara su naturaleza inhumana.

En la mitología vampírica de Eggers, Orlok es un ente muy viejo, y su voz desgarrada sugiere siglos de existencia antinatural, una garganta que no debería seguir emitiendo sonido. Es como si hablar le resultara un esfuerzo físico contra su propia naturaleza muerta.
Lejos de un simple remake, la película se siente como una invocación: un ritual cinematográfico que resucita el mito del vampiro con una mezcla de reverencia y ferocidad.

