Tengo que volver a entrar

Relato de terror participante en concurso Editorial Rubin

Los monstruos

Les oigo, durante el día, durante la noche. Es sábado. Una voz lúgubre, grave. Terrorífica. Están atrapados en la oscuridad.

Oigo puertas abrirse y cerrarse y sus sonidos me desquician, me producen angustia. Portazos que retumban por todo el edificio. Una mezcla de sonidos entre corrientes de aire, portazos, golpes ensordecedores, muebles que se arrastran y sonidos guturales. Parece que pidieran auxilio. No cesan.

Me hacen recordar al niño maldito de “La maldición”.  

Tengo que entrar ahí y parar esas voces tan horribles. O acabaran conmigo. Algo tengo que hacer… oigo un portazo tremendo y decido que es hora de intervenir. Ese golpe ha sido la señal.

Al bajar las escaleras me encuentro la puerta semi abierta y con decisión, entro, golpeo la puerta con los nudillos para comprobar si hay alguien. Sé que hay gente, les he oído desde arriba. Pero prefiero avisar. Ante todo soy educada. No sé lo que me voy a encontrar, estoy aterrada.

Se respira una atmosfera inquietante, como en los libros de Stephen King que suelo leer. Me siento como la madre de Dany Torrance al llegar al Hotel.

Un chico asoma y me indica que se están yendo, está dejando la vivienda. Hay mucha oscuridad a pesar de ser un piso grande y enormes ventanas que deberían dejar entrar la luz. Todas las puertas están cerradas y numeradas.

A medida que me voy adentrando más, la oscuridad me envuelve, sintiendo un vacío inmenso, las paredes me van absorbiendo, como en esas películas en las que el piso se va agrandando y las paredes se comen a quien se halla en su interior.

El chico desaparece en esa inmensidad oscura. Su semblante se ha tornado triste y serio. A pesar de ser rubio y de ojos claros. Mostraba inquietud, un rostro huraño, desolación.

El chico desaparece y la oscuridad se vuelve más intensa; empieza a sonar el sonido grave que escuchaba antes, desde arriba y entonces los veo.

Los monstruos.

No tienen cara, son oscuros. Solo veo ojos blancos y una gran boca que se abre a medida que se acercan a mí, son tres…. Los ojos blancos se les dan la vuelta en las cuencas y entonces la oscuridad me envuelve por completo antes de que sus bocas me engullan.

Estoy de nuevo en casa. A salvo, segura, tranquila. Pero algo me inquieta, me perturba; esas caras siniestras, esas voces que no sonaban, esa oscuridad que se instalaba en toda la instancia. Puertas que se abrían y cerraban al paso de esos seres. Los tengo en la cabeza, retenidos.

Entonces sucede algo….

Ponemos una peli. Necesito ver algo que me distraiga, aunque parece que las cosas se han calmado, los ruidos, los portazos y las voces han cesado. Lo comentamos en casa aunque es a mí a quien me preocupa más.

Al finalizar la película, recojo las migas que han quedado encima de la mesa, de la merienda y me dirijo a la cocina. Atravieso la entrada del salón para girar pero una luz penetra en el ángulo muerto entre el pasillo y la entrada al salón. Desvío la mirada y una imagen terrorífica aparece ante mí.

La puerta entreabierta, con las llaves introducidas. Pienso que alguien la ha cerrado mal y se ha abierto sola. Pero otra imagen solapa esa puerta perniabierta y esa impresión inicial pasa a ser algo demoledora. Una silueta oscura, con capucha, indefinida, inhumana se adentra peligrosamente en la vivienda, sé que me está mirando aunque no le vea los ojos, no los tiene. Ni siquiera las cuencas blancas que he visto antes. Tampoco aprecio una boca, sino algo indefinido como el propio rostro, una especie de agüero tenebroso que rebasaba las profundidades del miedo, que se va abriendo cada vez más, absorbiéndolo todo. El plato se me cae de las manos y apenas puedo emitir un grito ahogado cuando ya es demasiado tarde, la oscuridad lo envuelve todo, vuelvo a estar en el interior de esa burbuja oscura cuyas paredes se van acercando, aplastándome. Como si no hubiese salido del piso de abajo, como si no hubiese regresado a mi morada de tranquilidad en ningún momento. No hay nadie alrededor, no hay nada conocido, no hay luz entre tinieblas, no hay esperanza. Solo las caras inexistentes de esos monstruos.

Los monstruos han ganado…

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